HAY QUE SER AMBICIOSOS…
CAUTOS, PERO AMBICIOSOS
Turno para otro de los jóvenes componentes del pelotón. Menudo y guerrillero, PASCUAL ORENGO ha dado la cara intentado la escapada en un montón de carreras. Hay que dejarse ver, intentarlo y si de paso llega el subir al podium en alguna clasificación secundaria, mejor que mejor. Esa es su filosofía y la de su equipo, el Burgos 2016.
Nacido 23 de marzo de 1989 en Gandia y habiendo cumplido su segunda temporada en el conjunto continental, el valenciano hace una lectura positiva de este año y quiere seguir sumándolos con el objetivo de llegar lo más alto posible.

Pascual, recién terminada la temporada, ¿qué balance hacemos de tu 2º año en la categoría?
Yo creo que bueno. He conseguido hacer buenas generales cuando he estado en forma, he sido protagonista en escapadas cuando así lo ha mandado el equipo, y me he atrevido a meterme en algún sprint a final de temporada.
Entonces, ¿te has notado “crecer”?
Sí. La verdad que la experiencia es un punto a favor. El entrar a una carrera con el recorrido ya memorizado del año anterior es una ventaja para saber los puntos claves en donde se puede hacer romper. Además, personalmente te conoces más como ciclista y sabes en que tienes que trabajar para mejorar.
Comentabas recientemente que las temporadas no se te hacen largas, ¿te has quedado con hambre de carreras?
Realmente este año ha sido perfecto. En las últimas tres semanas he competido en Bélgica, Francia y España y creo que es la primera campaña en la que finalizo con ganas de descansar.
Finaliza también tu ciclo como sub 23, ¿se van cumpliendo tus expectativas hasta este momento?
Sí. Me decían mis compañeros que me daría como morriña “hacerme mayor”, pero no, por el momento sigo con la ilusión de un juvenil por el ciclismo. Y soy realista de que estoy aprendiendo como ciclista más maduro, lo cual me agrada y no me deprime.
¿Cuál es el siguiente “paso” que quiere dar Pascual Orengo como ciclista?
Como todo ciclista, ir subiendo escalones, seguir dándome a conocer y escalar en el mundo del ciclismo hasta llegar arriba, si no arriba, lo más alto posible a lo que yo pueda llegar.
Desde fuera se te ve muy guerrillero, y si la carretera pica hacia arriba mejor que mejor, ¿verdad?
Bueno, la verdad es que siempre se me ha considerado escalador, quizás por la apariencia física… Es verdad que en mi peso en forma subo muy bien, pero quizás este año te podría decir que me he quedado muy contento de la habilidad con la que me estoy encontrando para las llegadas en pelotones grandes.
Dos momentos, el mejor y el peor del año…
El peor la caída de la Vuelta a Asturias. Y el mejor seguramente una pequeña vuelta que corrimos en Portugal, en la que gané en sub 23 y estuve disputando la general.
Tu equipo, Burgos 2016, es casi como una familia. Fuera de la carretera mal no lo pasáis, ¿no?
Somos una piña. Es un equipo con pocos corredores y, por desgracia, las caídas han estado presente estos dos años, lo cual ha hecho que nos quedemos menos aun. Por eso los que estamos hemos convivido mucho juntos, y esto crea un afecto fuera de la competición que hace que dentro de carrera nos entendamos mucho.
¿Cómo transcurren esas concentraciones en el hotel Ciudad de Burgos?
Es como nuestra segunda casa. Allí nos juntamos siempre antes de las competiciones ya que es nuestro punto de encuentro y nos miman como en casa. Además nos quedamos allí también en la Vuelta a Burgos y en la mayoría de las Clásicas del País Vasco. Es donde el equipo tiene su sede, tenemos la infraestructura y las bicis, y es nuestro lugar de entrenamiento para preparar las cronos por equipos o las vueltas importantes.
¿Y dentro de la carretera como analizarías tú a tu equipo?
Como equipo pienso que somos los que damos guerra a los capos… nosotros planteamos el problema y ellos lo resuelven. Somos los que planteamos las batallas de principio de carrera, los que atacamos, los que nos metemos en escapadas y luego los peces gordos suelen ser los que controlan la competición. El Burgos creo que es un conjunto muy activo y así se demuestra en las carreteras, casi siempre hay uno presente en las escapadas y esto repercute muchas veces en el podium, ya que por el camino disputamos las metas volantes, montaña u otras clasificaciones secundarias.
Oye, ¿cómo se siente uno cuando compite con los grandes del pelotón?
Al principio impresiona codearte con un campeón del mundo, con el ganador de la Vuelta a España… luego te acostumbras pero siempre les guardas un pequeño resto extra, ¡o digámosle admiración!
¿Te ves siendo uno de ellos en el futuro?
Esa es la idea y por eso seguimos aquí. Hay que ser ambiciosos… cautos, pero ambiciosos.
¿A quién te gustaría parecerte?, ¿por qué?
Bueno, hay bastantes que me gustan. Como persona quizás a Lastras, es el ejemplo de ciclista español a día de hoy por excelencia. Y esto lo piensan todos, sirve como capo, como gregario, sube, baja, rueda, si hace falta sprinta… y como persona creo que es un modelo a seguir y los que han competido con él me entienden. ¡¡Es muy bueno!!
Vayamos ahora a tu niñez, ¿cómo llega la bici a tu vida?
Por mi padre, un enamorado del ciclismo y, siguiendo sus pasos, se me podía ver montado en bici por mi calle antes de salirme los dientes casi… La bici de montaña para jugar en el parque, la bici de carreras, como decíamos antes, que me llegó en la comunión, luego escuelas…. Y hasta hoy una vida dedicada a esto, que me llena y que espero que dure.
¿Y jeje, qué pasaba en aquellas últimas rectas de las pruebas en escuelas?
Era un ansia esperar el sábado para ir a correr al pueblo que tocara. A veces ganaba, pero ya tenía que ser muy técnica o muy dura, si la recta de meta era muy larga, siempre había algún mayor que me ganaba, y lo digo entre risas… porque si ahora soy el niño del equipo, en aquel entonces los chavales altos de mi edad me sacaban dos palmos.
En cadetes y amateurs las cosas ya fueron mejor, ¿no?
Sí… bueno, yo pienso que he seguido una línea, que no hecho grandes cambios pero que siempre he estado ahí, con los de delante. He tenido mis momentos, pero creo que siempre he estado dando guerra.

Antes, siendo un niño, quizás era diferente y más como un juego. Pero te pregunto ahora, a tus 22 años, ¿cuál es la razón por la que te gusta el ciclismo, qué es lo que aporta a tu vida?
Es una manera de vivir, es un… estilo de vida. Te haces a unas maneras, tienes unos horarios como todo trabajo, tienes unos principios y además, como cualquier deporte, te aporta mucho; valores, experiencias… Llega el momento en el que uno se plantea si quiere y debe seguir o si debe dejarlo como un hobby, y yo, por el momento, lo mantengo como mi trabajo y mi manera de vivir.
El día que te comunican tu pase Pascual, ¿qué sensaciones se viven en ese momento?
Alegría sin duda, pero a la vez asustado jeje… es un entusiasmo que cuesta expresar porque piensas que lo que viene por delante es difícil, y rápidamente empecé a ponerme las pilas.
¿Cómo transcurrió esa primera campaña en la élite?
Casi igual que el resto de campañas desde compito, el mismo estilo de corredor pienso yo. Siempre con más atención en las carreras, lógicamente no me puedo permitir, si se rompe en el pelotón, quedarme en el segundo grupo porque no tengo las fuerzas de categorías anteriores para saltar y entrar delante, o intentas ser más hábil en la colocación por lo mismo, pero pienso que parecida a las otras.
Para acabar una sencilla pregunta jeje. El ciclista, ¿nace o se hace?
¡¡Nace!! Puede ser que uno lo lleve dentro y tarde en salir… ¡¡pero sin duda nace!!
***Por FRODO
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